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La Villa de Borobia, ganadera, minera y guerrera

La Villa de Borobia, donde nació Tristán de Luna Arellano está situada junto a la Sierra del Moncayo, en el extremo más oriental de la Provincia de Soria, y de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, en la frontera con Aragón. Se halla regada por el río Manubles, que nace allí mismo y tiene un clima de inviernos fríos y veranos templados derivado de su elevada altitud (1.137 mts.), lo que explica que la principal actividad económica de sus habitantes a lo largo de la historia haya sido la ganadería. Su posición geográfica fronteriza modeló durante siglos el carácter de sus gentes cuyas costumbres, folklore e identidad tienen tanto que ver con las vecinas tierras de Navarra y Aragón (su dialecto es variante del navarro-aragonés) como con la propia Castilla, razón por la que se llamaba a los habitantes de esta comarca “rayanos”.

La historia de Borobia está ligada fundamentalmente a la explotación del hierro, al ejercicio de la ganadería y a su condición de plaza militar. Su origen es muy antiguo, y nos remite a la época celtibérica, ya que se trata de una de las cinco o seis ciudades celtiberas que acuñaron moneda en esta zona en el siglo II a.e. En ellas aparece la inscripción Uirouia-s, derivada de uiro: circular, o bien del dios celta Burovius. Su fundación parece relacionada con la explotación de las minas de hierro de esta parte del Moncayo. Uirouia continuó poblada tras la llegada de los romanos, tal y como lo atestigua la existencia de una necrópolis con vestigios arqueológicos de celtas romanizados. (Dos estelas funerarias de Uirouia del esta época se pueden ver en Museo Numantino de Soria) 

Durante la Edad Media permaneció poco tiempo en manos árabes (esta comarca apenas fue arabizada), ya que a principios del siglo X fue tomada por el rey de Pamplona Sancho Garcés quién estableció allí su plaza fuerte más meridional dotándola además de cierto rango jurisdiccional. Así en la documentación de la época leemos: “rex Garsea in Pampilona in Borobia et in Castella Vetula”. Posteriormente, en 1113, el rey Alfonso el Batallador le concedió un fuero repoblador, documento donde hizo uso por primera vez del título de imperator. La importancia estratégica de la Villa durante estos siglos queda reflejada en el Tratado que firmaron los reyes Sancho IV el Bravo de Castilla y su tío Pedro III, el Grande, de Aragón, en el castillo de Borobia en 1284.

Durante estos siglos fue visitada por varios reyes y por ilustres personajes, entre ellos por Santo Domingo de Guzmán, quién a principios del siglo XIII puso la primera piedra de la Ermita de la Virgen de los Santos, patrona de la localidad y de los pueblos comarcanos de Pomer y Beratón. Otro de sus moradores ocasionales fue el célebre escritor Iñigo López de Mendoza, más conocido como “Marqués de Santillana”, quién siendo Capitán Frontero de Castilla estuvo a punto de morir en una batalla cerca de la población, en el paraje de Araviana.

Posteriormente y en transcurso de las guerras de la Raya (siglos XIII-XV), Borobia cambió de manos varias veces entre los tres reinos fronterizos: Navarra, Aragón y Castilla, y finalmente perdió importancia quedando convertida en aldea, para volver a recuperar el título de villa a mediados del siglo XV, bajo el Señorío de la familia Luna y Arellano, Mariscales de Castilla. A partir de ahí la Villa alcanzó cierto desarrollo hasta finales del siglo XVIII, favorecida por su condición de puerto franco y aduana de Castilla y debido también en parte al desarrollo de la industria de fabricación de paños. En sus términos llegaron a explotarse varios filones de plata durante esta época.

Finalmente, ya en 1706, en plena Guerra de Sucesión, Borobia demostró que todavía era una plaza militar importante: la población resistió durante seis meses el asedio a que fue sometida por las tropas del archiduque Carlos, cerrando el paso de éstas a la meseta, lo que permitió a Felipe de Borbón (luego Felipe V), contraatacar y ganar la guerra.

Y es que como tierra fronteriza, Borobia y su comarca están cargadas de historia, de personajes, de batallas y de leyendas. De hecho, en el citado paraje de Araviana no hubo una, sino tres batallas durante la Edad Media. Además de la descrita, hay otra de carácter legendario, y que cuenta cómo fueron emboscados por las tropas de Almanzor los Siete Infantes de Lara, a los que mataron y cortaron las cabezas para llevárselas a su padre, preso en Córdoba… 

El propio poeta Gustavo Adolfo Bécquer publicó en el siglo XIX algunas leyendas que recogió en estos parajes: La corza blanca, El gnomo… Bécquer residió durante años con su esposa Casta Esteban en el vecino pueblo de Noviercas, y era asiduo visitante de Borobia, donde acudía para asistir a las veladas literarias de su amigo el Boticario.

En cuanto a su población, Borobia rondó a lo largo de la Edad Moderna las mil almas, superando esa cifra en los años sesenta del siglo XX. Pero a partir de entonces la emigración masiva de su población se ha convertido en un drama sin resolver que ha dejado a esta Villa histórica con tan sólo 300 habitantes en la actualidad, al borde de su desaparición. 

Cabe señalar que en la actualidad Borobia tiene otra cosa de interés: sobre los restos del antiguo castillo que vio nacer a Tristán de Luna se yergue hoy en día el Observatorio Astronómico “El Castillo”, el primer observatorio astronómico de carácter didáctico abierto al público en España. 

La familia de Tristán de Luna en Borobia

Borobia y Ciria pasaron a la familia Luna en 1437, tras ser recuperadas por Castilla de manos de Aragón. Fueron cedidas por el rey Juan II de Castilla al Maestre de Santiago D. Alvaro de Luna y éste, a su vez, las dio en dote a su sobrina Doña Aldara de Luna, en el matrimonio que concertó con su protegido, Carlos de Arellano, Doncel del Rey, y segundo hijo del poderoso Señor de los Cameros. Este Carlos de Arellano, que tomaría el título de Primer Mariscal de Castilla, y Señor de las Villas de Borobia y Ciria, perteneció a la corte del rey, y fue el abuelo de Tristán de Luna, y tío carnal de otro ilustre personaje: Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, hijo de su hermana Leonor de Arellano.

El padre de Tristán de Luna y II Mariscal de Castilla fue Carlos de Luna y Arellano, conocido como “el Casto” por su afición a las mujeres. Y es que según cuentan las crónicas de la época tuvo más de treinta hijos, muchos de ellos bastardos. Uno de sus hijos legítimos, nacido de su segunda mujer, Dª Juana de Avalos (hija del Comendador Guevara), fue Tristán de Luna y Arellano. Pero el Mariscalato pasó a su hermano Carlos (hijo primogénito de la primera esposa del “Casto”, Catalina de Torres) y Tristán tuvo que marchar a América a buscar fortuna, bien apoyado eso sí, por su tío, D. Juan de Velasco, Virrey de Nueva España, y por su prima Dª Juana de Zúñiga, esposa de Hernán Cortés. Tristán de Luna fue el encargado de dirigir la expedición de exploración y conquista de Florida, una de las mayores de su época, aunque debido a la dificultad de la empresa en el transcurso de la misma cayó en desgracia y fue destituido. No obstante, fundó Santa María en la actual Pensacola y ostentó el título de Primer Gobernador de la Florida.

Los hermanos de D. Tristán fueron muy numerosos, tal y como había sido el genio de su padre Carlos “el casto”. Uno de ellos llamado Diego de Arellano, bastardo, fue quién mató (en colaboración con otros dos) al Duque de Valentinos, Cesar Borgia, hijo del papa Alejandro VI, en la Batalla de Mendavia. Además Tristán de Luna tuvo como madrastra a Dª Francisca Manrique de Benavides, nieta del ilustre escritor Jorge Manrique y última esposa de Carlos “el Casto”, quienes están enterrados junto a parte de la familia en el mausoleo que hay situado junto al altar mayor en la Iglesia Parroquial de Borobia. Dicha Iglesia, que por cierto fue financiada por los Mariscales, es un espléndido templo gótico que data de principios del siglo XVI.

El Mariscalato de Castilla pasó a otro hermano de Don Tristán, Don Pedro de Luna, (hijo también Catalina de Torres), pero éste, que no tenía descendencia, al tener noticia de la mala situación económica por la que atravesaba su hermano D. Tristán en América después de su expedición a la Florida, decidió cederlo al hijo de éste, su sobrino, Don Carlos de Luna y Arellano, nacido ya en América. Y desde entonces la rama principal de esta ilustre familia vivió allí, en Nueva España, luego Méjico.

Este hijo de Tristán de Luna, Carlos de Luna, llevó el título de V Mariscal de Castilla, Señor de Borobia y Ciria, fue Gobernador de Yucatán entre otros cargos, y llegó a ser uno de los personajes más destacados de la corte virreinal.

A pesar de su traslado a América, la familia Luna y Arellano conservó en su poder las Villas de Borobia y Ciria hasta bien entrado el siglo XIX, aunque dicha posesión nunca resultó tranquila. De hecho, durante cuatro siglos – entre el XV y el XIX – la población de Borobia lidió una lucha sin cuartel contra la nobleza, disputando a sus señores, los Mariscales de Castilla, además de sus injustos privilegios, la dehesa de Tablado, uno de los agostaderos más importantes de Castilla, y lugar donde en la actualidad se quiere instalar una controvertida mina de magnesita.

 
 
La Villa de Borobia, ganadera, minera y guerrera
Fuente: Alberto Jiménez Carrera , Historian
Fecha: 20-03-2009
 
 
 
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